jose tejedor's profileEl teje es el mejor!!PhotosBlogListsMore ![]() | Help |
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September 04 Las críticas del Teje: 'Alastriste'Desde hace tiempo, esperaba con ilusión la película ‘Alatriste’. Había visto el trailer varias veces, y leído todo lo que había aparecido por Internet sobre la película. Pues bien, ya la he visto, y he de decir que me ha sorprendido mucho, y además, gratamente, pese a que tenía muchas expectativas sobre ésta película. Pero la sorpresa es sobre el tipo de película que vi. No se trata de una película de espadachines, sino de estocadas. Y de estas, las menos son las que provoca el acero. La mayoría provienen de las palabras, de los silencios, y de las miradas que se lanzan los torturados protagonistas de esta película. Por que, la verdad sea dicha, esta película no es de aventuras, sino un drama en toda regla, que trata, sobre todo y fundamentalmente, sobre el amor. Un amor entendido desde muchos puntos de vista. El amor fraternal, entre Diego e Iñigo, que tienen una relación que es totalmente de padre e hijo, lleno de encontronazos y desacuerdos, pero también, a su manera, de amor y cariño. También está el amor que existe entre compañeros, evidenciado por Alatriste y sus compañeros, sobre todo por Copons. Y este amor, a su vez, entra en conflicto con otra clase de amor, un amor no correspondido, hacia este país nuestro por el que los compañeros del tercio de Alastriste se dejan el pellejo en los campos de batalla de media Europa. Esto se ve en imágenes crudas, como cuando Alatriste y sus compañeros logran hacerse con el barco que contiene el oro del rey; pero también cuando Copons ayuda a Iñigo. Y por supuesto, existe también ese amor apasionado, casi épico, que embarga a los dos personajes principales, y a sus enamoradas: Diego Alatriste y María de Castro, e Iñigo Balboa y Angélica de Alquezar. Los cuatro son personajes tristes, atados por sus obligaciones y por sus necesidades, pero que se entregan al amor totalmente, aunque luego tengan que arrepentirse. Como cuando Maria le pide a Diego que se case con él, y el le asegura que mataría al primer hombre que le pusiese las manos encima. Durante toda la película ocurren acercamientos y alejamientos, engaños y desengaños, súplicas conmovedoras y enfrentamientos apasionados. Y, pese a lo que parece, el único personaje que pese a todo, sigue siendo feliz, a su manera, es Alastriste. Por que él sabe que no está destinado a ser feliz, a disfrutar del cariño de la mujer amada, a morir de anciano en una cama. Él sabe que caerá antes de lo que debería, ya sea en el campo de batalla o en un callejón con una puñalada. Y esto lo acepta con su resignación habitual, una media sonrisa torcida, triste e irónica a la vez, capaz de tocar la fibra a cualquiera, y que indica que todo le importa un carajo, que el que quiera pasar, que pase, y que el resto no se me amontonen, que en seguida les atiendo, cualidad que no es única para nuestro capitán, sino que también se aplica a varios de sus compañeros, como el que está en la carcel de Sevilla, y al que comunica que no puede salvar, que, tras un segundo de duda simplemente se encoge de hombros y, poniéndose de nuevo su máscara sonriente, dice ‘Láztima’.
La película está maravillosamente construida. Pese a la calidad de Pérez-Reverte como autor, no era fácil crear una historia coherente que se extiende ya por cinco libros, y que ocupará varios más. Y lo consiguen, la verdad. Haciendo algunos retoques, cambiando acontecimientos, obviando otros, y permitiendo que se vislumbren algunas gotas de lo que será, más o menos, el final de la saga, logran que la película funcione. Obvian el segundo libro, retratan parte del tercero, y dibujan el cuarto casi en su totalidad, para luego lanzase a la aventura, con traiciones, engaños, abandonos, matrimonios y encierros que hacen que la película gane en intensidad antes de llegar al gran final, en el que se refleja magistralmente el porqué perdimos nuestro imperio, al ver a una panda de orgullosos y corajudos españolitos que apenas pueden tenerse en pié dándose de ostias con los relucientes caballeros franceses. Pese a ello, la película, larga, de dos horas y media de duración, es notablemente lenta. Además, parece que va a arrancar definitivamente varias veces, sólo para volver a parar. Y pese a ello, ese para-arranca engancha, cuando comprendemos qué tipo de película estamos viendo.
Por que, como ya he dicho, las escenas de acción, aunque magistrales en cuanto a calidad, no son el motor de la película, sino que este se basa en las relaciones entre los distintos personajes que rondan por España. Y aquí reside realmente el acierto de ésta película, por que, todos, desde el principio hasta el fin son grandísimos personajes interpretados por unos actores aún más grandes. Eduardo Noriega es fantástico, haga de noble cagado de miedo en medio de los canales holandeses, o esté emperifollado hasta las cejas. El papel de Sebastián Copons, fiel amigo de Alastriste, lo borda Eduard Fernandez, el amigo fiel, tan resignado como el propio Alatriste, pero dispuesto a hacer lo que haga falta por los suyos. Don Juan Echanove interpretando a Don Francisco de Quevedo. Un señor, y un poeta, interpretando a otro tanto. Magistral. La escena donde el capitán y él caminan por las estrechas calles madrileñas, embozados para protegerse del frío, es fantástica. Y fantástica también su solución, que engloba en una frase gran parte del espíritu de Alatriste: ‘No me jodaís, don Francisco.’ Los elegidos para representar los papeles de Iñigo y Angélica durante su infancia también lo borda, recreando personajes que son mucho más adultos de lo que su edad sugiere, tal y como demuestran en cada mirada, en cada sonrisa, en cada frase. El italiano (Enrico Lo Verso) que interpreta a Gualterio Malatesta también acierta con su interpretación, si bien despierta un cierto sentimiento de compasión hacia el espectador que no recuerdo de los libros, pero que ayuda a entender que él no tiene nada contra Alatriste o sus amigos, sino que es simplemente otro mercenario, como ellos mismos, que debe alquilar su espada para sobrevivir. Y esto nos lleva a su esposa, la suprema Pilar López de Ayala, que se come la pantalla las tres veces que aparece en escena, una mujer que es a la vez tan valiente y tan resignada como el propio Capitán, y que sabe que su marido no llegará nuca a viejo, pero que, pese a todo, le ama, le apoya, y sigue a su lado fielmente. El Iñigo adulto, interpretado por Unax Ugalde es más que correcto, representando magníficamente la rebeldía del adolescente hacia sus mayores, el primer amor, y la adoración y el enfrentamiento continuo con su ídolo ( y el de todos ), Alatriste. Tiene a la vez aire de matón prepotente y de joven inocente que le viene muy bien al personaje. Elena Anaya es Angélica de Alquezar, una mujer que pese a querer ser fría y calculadora, demuestra que es de carne y hueso como todos, con una delicadeza ternura que nos aclara por qué Iñigo no puede evitar caer en sus brazos una y otra vez. Y siguiendo con las mujeres, está Ariadna Gil, como Maria de Castro, actriz enamorada del Capitán. Simplemente decir que a mí esta mujer nunca me ha parecido atractiva. Aquí está preciosa. Todos entendemos al pobre Alatriste y sufrimos con él, por arte y gracia de esta mujer fatal, que, en el fondo, no lo es. Y la escena del teatro es memorable. Luego está el que hace de Rey Felipe II, que lo ‘borda’. Realmente no, pero es que el personaje está muy bien definido. Es un personaje gris, que apenas hace nada en toda la película, de hecho ni habla, y que lo único que hace es mirar, y hacer que entreguen un collar a Alastriste. De hecho, la crítica es clara. Blanca Portillo como Fray Emilio Bocanegra no desentona, pero tampoco es nada del otro mundo, más que nada por que el personaje sale poco y es de poco peso. También está el alguacil Martín Saldaña (que me perdone pero no sé cómo se llama), que también resulta más que adecuado en su papel. Siempre jodido y obligado por su difícil tarea, pronuncia otra de las frases de la película :’Diego, lo de que soy un carnudo no iba en serio, ¿verdad?’ (más o menos).
Para hablar de Javier Cámara hace falta un párrafo aparte. Él no interpreta al Conde-Duque de Olivares. ES el Conde-Duque de Olivares. Y que conste que no me parecía muy allá cuando le escogieron, por que siempre le había visto en papeles cómicos, y eso que me parece un gran actor. Pero me imagina al bueno de Javier tal y como salía en el trailer, con su pelucón y su mostacho, y pensaba en que me iba a partir cada vez que saliese en la pantalla. Pues no. Cada vez que sale en la pantalla, impone. Es frío, distante, poderoso, cortante, imponente. Desarma con un gesto, y la mirada nunca llega a necesitar usarla, una muestra de su poder, y, por qué no, de su prepotencia. La evolución del personaje también es muy apreciable, pasando del todopoderoso que recibe a Alatriste y le confiesa sus inquietudes por Flandes, al hombre que se ve rodeado de enemigos cuando su estrella comienza a decaer.
Y finalmente, el gran hombre. El propio Capitán Alatriste. Dicen que hay actores capaces de adueñarse de un personaje y hacerlo suyo. Viggo Mortensen lo consigue con el capitán. Ya lo consiguió antes con otro personaje difícil, Aragorn. Y aquí vuelve a hacerlo. Desde el primer momento, Viggo desaparece de escena para dejar paso a Don Diego de Alastriste y Tenorio. En todo. En su forma de mirar, de moverse, de no moverse, de luchar. En sus posturas, su gallardía, sus ataques de furia, y de melancolía, en todo, él es el personaje que aparece en los libros. Es creible en todo momento, y en todo momento hace que queramos ser como él, y a la vez que nos sintamos aliviados por no compartir su destino, aunque lo hagamos, arrastrado por él a lo largo de toda la película. es increíble cómo puede pasar de un instante de súplicar a ser arrogante, como una de las veces que habla con Olivares. Algunas de las quejas que he oído se alzan contra su voz. Cabe recordar que el bueno de Viggo es un danés criado en argentina. Por ello, su español es, cuanto menos, raro. Se esfuerza tremendamente por que ni una sola sílaba escape a su control, y se nota, por que la pronunciación no es todo lo fluida que debería ser. De hecho, es como si arrastrase las palabras. Pero hay que aceptar que es un gran esfuerzo el que ha hecho, y que su trabajo le ha costado. Y además, a mi no me disgusta del todo. Le da personalidad al capitán, un hombre seco y parco en palabras que habla en susurros.
Y claro, hay que hablar del director de esta película, Agustín Diaz-Yanes. En primer lugar quiero destacar que hay muy pocos directores actuales que me llamen la atención. De esos que hacen que te des cuenta de su existencia, o de su trabajo, en plan ‘Este plano es muy bueno’, o ‘qué bien se ve aquí lo que quiere mostrar’. De esa lista destacaría a Clint Eastwood (el mejor), Robert de Niro, Alejandro Amenabar….y yo creo que ya. David Fincher tiene películas, pero es demasiado exagerado a veces. Bueno, pues a esta lista, al menos por esta película, hay que agregar a Díaz-Yanes. Su forma de expresar cosas con silencios y miradas es espectacular. Me marcaron varias escenas, como cuando el joven Iñigo lleva a Angélica en brazos a su casa. Hasta que no llega, no vemos la cara del niño. Eso no es lo importante. Por el contrario, vemos desde detrás de él la cara de Angélica, manipulándole con facilidad, pero también afectada por lo que él le dice. Y también cuando Diego se acerca a María desde atrás, y vemos reflejado en el espejo las caras de los dos, y cómo Diego le dice ‘Y tú que sabes’, una frase que merece ser tan mítica como el ‘Como desees’ de ‘La Princesa Prometida’. Pero sobre todo, el director logra que sea una película oscura y triste, pero que atraiga la atención del espectador. Para mí, tiene un pero. ¿Por qué en todas las películas del cine español tiene que haber sexo y desnudos (femeninos normalmente)? Aquí hay uno de cada, y no aportan absolutamente nada a la película.
Por último, destacar la magnífica tarea de vestuario, maquillaje, ambientación, fotografía y música. Son de 10. Estamos completamente inmersos en el siglo XVII. La ropa se cae a pedazos, está llena de manchas, y es de poca calidad; o es tremendamente rica, como la que llevan Olivares, el rey, Angélica o Guadalmedina (Noriega). La decoración y ambientación es espectacular. He oido en la radio que el director decía: ‘Queriamos que el espectador oliese el siglo XVII’. Y a fé que lo han conseguido.
Pese a todo, recordar que esta película no es de aventuras, que es lenta y complicada, una película muy adulta. El que busque un ‘Piratas del Caribe’ a la española, se ha equivocado. El que quiera ver una gran producción histórica, y una película de personajes, llena de amor y pasión, acertará. Comments (2)
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